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Final de la saga: Andora o la pasión sublimada
Comentarios (0) 28.05.2008. 17:34
Hemos llegado al final de un ciclo, con este capítulo he terminado la primera obra de Andora, espero que el tiempo me permita escribir otras más. Hay muchas cosas que que quiero revelar sobre esta enigmática mujer que más de una noche me ha quitado el sueño, pero por los momentos es necesario que ella y nosotros nos entreguemos a un merecido descanso.
Gracias a todos por haberme leido, para todos uds, en especial para ti swetlips va dedicado este último capitulo. Andrea Gracias por tus consejos, creo que en esta última parte me he revindicado con uds. P.D Hoy es un día muy especial en Maracaibo, ojala pudieran estar acá, estamos en plena feria y hoy se realiza el amanecer gaitero.
Andora o la Pasión Sublimada... final de la Historia
Una mano acariciaba mis cabellos cuando desperté, lentamente abro los ojos y no puedo creer lo que estoy presenciando: Nuevamente estoy en el barco de Exnabor y la mano que me acaricia es la de Andora. Me frotó los ojos con incertidumbre, temiendo que sea una ilusión, pero la imagen no se disipa. Estoy aquí y con ella.
No puedo contener la emoción cuando nuestros rostros se encuentran, por unos segundos ambos nos contemplamos en silencio y la intensidad de las miradas trasciende las palabras. ¡Está viva! Me repito para hacerme a la idea, aunque la noto diferente y no termino de precisar porque.
En sus ojos se revelan con más nitidez las huellas del cambio, están muy distantes de aquella candidez que anteriormente desplegaban. Ahora su mirada es más profunda, más reflexiva, más serena… como si la sensualidad hubiera adquirido un nuevo matiz en ella, un matiz que no deja de sorprenderme y de seducirme por lo que tiene de misterioso e impredecible.
- No te quise despertar –me dijo- desde hace rato te estoy contemplando y por más que lo intento no puedo apartar mis ojos de ti. Me siento tan dichosa de tenerte cerca nuevamente.
En sus palabras hay sinceridad pero también un poco de resignación, definitivamente no es la misma. Su alma ha madurado y eso se percibe con su sola presencia, atrás quedó la ingenuidad casi infantil que me apasionaba, la frescura de sus gestos, la sencillez de sus expresiones. Esta nueva Andora se me antoja más mujer y eso, en parte, me entristece porque se me hace menos predecible, menos mía… creo yo.
La abracé sin acordarme de sus heridas y le cubrí el rostro de besos mientras lloraba sin poderme contener. Me sentía pequeño al perderme en su regazo pero a la vez feliz por tenerla nuevamente a mi lado. En ese instante llegaron Derick y Chana quienes también se sorprendieron de ver a Andora totalmente recuperada. El viejo Chaman tampoco ocultaba su alegría, aunque se había enterado de la recuperación de Andora mucho antes que nosotros.
Cuando bajamos del barco, nos percatamos que habían transcurrido casi veinticuatro horas desde que perdimos la noción del tiempo y del espacio. Siempre estuvimos frente a la isla, nos contó la esposa de Exnabor que no se había atrevido a llegar hasta donde nos encontrábamos porque su marido tenía la costumbre de permanecer días enteros sin desembarcar cuando practicaba alguno de sus rituales o cuando realizaba intervenciones quirúrgicas delicadas.
Ya instalados en la vieja casona de Exnabor, nos congregamos alrededor de la mesa para relatar nuestra experiencia del día anterior. Todos los relatos coincidían con lo que aquella mujer me había revelado al preguntarle por la suerte de mis amigos. Solo nos faltaba escuchar a Andora, a quien habíamos dejado de última por la magnitud de sus revelaciones.
Cuando Exnabor terminó de referir su experiencia, todas las miradas se concentraron en ella y, sin necesidad de pedírselo, comprendió que era el momento de hablar.
- No es fácil lo que tengo que decirles. A pesar de que solo transcurrieron algunas horas, la noción del tiempo que viví fue completamente diferente. Fueron momentos de angustia constante y creciente donde no hubo tregua para mí. Tuve que luchar con todas mis fuerzas y mis sentidos. El sufrimiento, sin embargo, me dio una nueva concepción de la vida que ahora me hace apreciarla desde otra perspectiva menos individualista.
Andora iba a proseguir con su relato, pero de nuevo, la figura de Muramé, se presentó ante nosotros, esta vez adquiriendo una dimensión menos etérea y más humana. No hubo niebla, ni se trastocaron nuestros sentidos, pero si pudimos percibir que su silueta no se sostenía en el piso, parecía flotar mientras sus vestiduras ondeaban con una brisa imperceptible. Se desplazó hasta el centro de la mesa y una vez allí nos habló:
- Andora ha librado la batalla más dolorosa y encarnizada que haya tenido que enfrentar y ha vencido. Solo les ruego que, por los momentos, no la obliguen a contar lo que ha tenido que vencer y soportar. Les aseguro que ha sido tan cruel y desgarrador que todavía no están en capacidad de escucharlo sin que sus almas sufran un tremendo impacto para el cual no están preparadas.
Terminó estas últimas palabras mirándome a mí y tras una breve pausa retomó su discurso, esta vez dirigiéndose a Andora.
- Ahora te encuentras en medio de tres caminos, ya tú sabes lo que cada uno de ellos representa y las ventajas e inconvenientes que cada uno te puede ofrecer. La decisión se encuentra en tus manos.
Andora permaneció inescrutable por varios segundos mientras su mirada nos envolvía a todos en un breve recorrido que hizo alrededor de la mesa. Sus ojos se detuvieron ante Muramé y le dijo:
- He escogido el segundo camino.
Los ojos de su interlocutora evidenciaron por algunos instantes cierta decepción, era obvio que no era la decisión que esperaba, sin embargo, una breve sonrisa le demostraría que aceptaba la determinación.
- Creo comprender los motivos que te llevan a esa elección, aunque creí que optarías por la primera o la tercera de las sendas, sin embargo, considero que es sabia tu decisión… teniendo en cuenta las circunstancias que te rodean.
La figura de Muramé se disolvió rápidamente ante la mirada atónita de Chana y Derrick que no podían dar crédito a lo que veían. Exnabor se encargó de romper el silencio, instándolos a que nos dejaran solos a Andora y a mí. Se retiraron a la sala para seguir departiendo.
La mirada de Andora se superponía a la mía, no podía sostenerla. Su presencia tenía un nuevo aire que a pesar de apasionarme, no lograba comprender. ¿Dónde había quedado aquella chiquilla ingenua que una vez temió decepcionarme cómo mujer? Esa que se erizaba con mis caricias y que me entregó su virginidad… Esta nueva Andora poseía un encanto más sereno, más misterioso, más seductor; un encanto que me hacía desearla tanto o más que antes, solo que ahora con la atenuante, de no sentirla totalmente mía.
- Por primera vez te voy a exigir algo –me dijo- y es que me mires a los ojos mientras hablamos. Al menos eso merezco de ti… después de todo lo que hemos vivido juntos hasta ahora.
Torpemente levanté la mirada hasta conseguirme con sus ojos. No sabía que decirle en aquel instante, de nuevo quise llorar pero esta vez me contuve, por orgullo. Andora llevó sus manos hasta mis mejillas acariciándome con los pulgares. Sus labios se posaron sobre los míos para regalarme un beso cálido y prolongado que me encendió la libido.
- He tomado el segundo camino, por que es el que me permite cumplir con un compromiso ético sin tener que renunciar a ti.
- ¿Cuál es ese segundo camino? –le pregunté-
- El primer camino, era el más fácil… volvería a mi antigua vida, olvidaría todo lo malo que he pasado y podríamos estar juntos… pero eso implicaría que muchas personas siguieran sufriendo sin una remota esperanza a la que apegarse… El tercer camino me otorgaría la inmortalidad y la trascendencia de mis formas físicas, ocuparía el lugar de Muramé y podría enfrentar a Sebalá en igualdad de condiciones. No sería una diosa pero si tendría cualidades que sin ser divinas me distanciarían del común de los mortales.
- ¿Y el segundo camino? –pregunté impaciente-
- Es una fase intermedia entre el primero y el tercero… Igual enfrentaré a Sebalá pero no tan indefensa como la primera vez y ya no lucharé por mí sino por varias… eso implica que no estaré sola en el combate que voy a iniciar.
- ¿Y después?
- Después, si logro vencer habré cumplido con mi compromiso moral y podré vivir mi vida para mí… a tu lado si me lo permites. Como ves, mi decisión no implica que tenga que renunciar a ti. Tú y yo estamos signados por un amor que trasciende las barreras del tiempo y el espacio, pero si me conocieras bien, sabrías que no puedo ser feliz mientras otras padecen el infierno que yo sufrí.
- Lo sé –respondí- y por conocerte es que presentía que de alguna forma esto se iba a presentar, pero necesito que tú también me comprendas: ¿Cómo quieres que me sienta si después de recuperarte te he perdido nuevamente?
- No me has perdido… entiéndelo. He postergado momentáneamente la posibilidad estar para siempre a tu lado para organizar la batalla final contra Sebalá. Existen miles de lémbrinas que permanecen bajo su dominio y muchas de ellas están dispuestas a revelarse siempre y cuando tengan una líder que las guié.
- ¿Y esa líder eres tú?
- Sí
- No hay más nada que decir…
- Espera… Tú sabes que te quiero con toda mi alma, Raúl y si no cuento contigo no tendría aliciente para enfrentarme a esta batalla. Fue tu amor el que me dio fuerzas para desafiar a mi opresora y es ese mismo amor el que ahora necesito para afrontar los nuevos retos que me aguardan. Las barreras del tiempo o del espacio ya no existen para los dos, el vínculo que hay entre nosotros solo lo puedes acabar tú… si es que te quieres alejar de mí.
En ese instante rompí con mis prejuicios, la traje a mi lado y de nuevo la besé, con intensidad, con fragor, con pasión. Ella correspondió a mis deseos y también liberó los suyos. Despojándose de sus vestiduras se entregó a mí, como ya antes lo había hecho, esta vez, con la diferencia de que no la hice mía porque nos hicimos nuestros.
Amarla de esta nueva forma me hizo comprender muchas cosas, me hizo entender que el amor va mucho más allá del contacto de dos cuerpos, del intercambio de fluidos y del orgasmo compartido. Amar, y más a una mujer como Andora, es dar una partecita de tu alma y dejar que esa otra alma te ocupe el espacio que quedó vacío. Amar es vivir dentro de ese otro ser y sentir que ese ser también vive en ti… aunque ya la frase la hayan gastado los poetas.
Sólo después de hacerle el amor es que le puedo decir:
- Nunca me alejaría de ti, Andora… nunca.
Epilogo
Derick y Chana…
Después de recibir la bendición de Exnabor, partieron para Jamaica. Allí se casaron y pasaron su luna de miel. Ya liberada de las heridas del pasado, Chana ha vuelto a ser Antonella y junto a Derick se dispone a vivir la felicidad que tanto le ha costado. Actualmente residen en ciudad de Panamá y están adheridos a la causa de Andora.
Exnabor y Santiaga…
Así se llama su mujer, creo que no lo había referido en el transcurso de esta historia. Ambos permanecen en el apartado islote que desde siempre ha sido su refugio. El viejo Chamán ha modificado muchas de sus antiguas creencias pero sigue entregado a la búsqueda de la verdad, esta vez, surcando los caminos de las milenarias filosofías orientales que tanta falta le harán al momento de asistir a Andora cuando esta lo necesite. Santiaga lo acompaña en esta búsqueda sirviéndole de apoyo y de complemento espiritual. Ambos mantienen contacto psíquico con Andora y también están sumados a su causa.
Yo…
Partí de la isla de Exnabor con la misión de localizar a los padres de Andora. Cuando los encontré tuve que convencerlos de que no era ningún charlatán. Se habían hecho a la idea de que su hija había muerto. Mis revelaciones le dieron nuevas esperanzas pero también algo de decepción cuando les hablé del camino que ella voluntariamente había tomado. Les obsequié todas las cintas donde quedó registrada la voz de Andora y me comprometí a visitarlos frecuentemente para llevarles noticias de su hija y de las misiones a las que se tuviera que enfrentar. Por razones de seguridad no puedo revelar el lugar donde ellos viven y por decisión de la propia Andora, permanecerán al margen de todo lo que pueda suceder.
Andora…
Después de haber seleccionado el segundo camino debe someterse a un intenso entrenamiento que le permitirá enfrentar a Sebalá en su propio terreno. La propia Muramé se encargará de adiestrarla. Podré presenciar y describir algunas fases de su preparación, pero habrá momentos en los que deberán estar solas la discípula y su maestra. La batalla final contra Sebalá se librará en muchos campos y habrá que enfrentar diferentes esferas de poder…
El lugar del entrenamiento aun no me ha sido revelado, tampoco sé si posteriormente lo pueda comunicar a mis lectores. Lo que si puedo afirmar es que se avecinan tiempos difíciles, para Andora y para todos los que de una forma u otra nos hemos adherido a su causa.
Yo seguiré narrando, en tanto me sea permitido, los posteriores acontecimientos que vayan signando el curso de esta historia. Por ahora se cierra un ciclo, pero hasta ahora no sabemos cuantos otros se abrirán.
Raúl de la Cruz Cayena.



