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La mulata
Comentarios (0) 30.01.2008. 11:41
| Cierta mañana al levantarme, noté que mi polla me dolía a causa de que la piel del capullo se había encogido. Intenté bajar la piel pero me dolía mucho. Pedí hora en la consulta de urología en la clínica Delfos de Barcelona y me dijeron que pasara por allí al día siguiente sobre las 18:30. Esa noche me costaba mucho coger el sueño a causa del temor a que al día siguiente me quedara sin picha, así que cogí una película porno y empecé a masturbarme. Me dolía pero tenía que descargar mi tensión sexual. Tras correrme y llenar todo el sofá de leche espesa, vi que tenía toda la piel del capullo sangrando. Fui a limpiarme el capullo en el lavabo y descubrí que tenía una herida en el frenillo. ¡Acababa de meter la pata hasta el fondo! ¡Tendría que ir con una herida a la consulta! Al llegar a la consulta del Dr. Batlle me atendió una preciosa mulata con un culo y unas tetas imponentes. Me dijo que me sentara y yo, como un perro solitario, le hice caso. Cuando me senté y me puse a leer una revista, no pude impedir subir la vista para mirar esas preciosos senos que se escondían detrás de esa bata blanca tan ceñida. Después de esperarme un buen rato, al fin llego la hora de entrar a que vieran ese nabo que tan poca gente había visto. Expliqué al doctor lo que me pasaba, y él me dijo: - Quítese la ropa y túmbese aquí. Yo obedecí y me tumbé en aquella cómoda camilla. Me cogió el pene con sus dedos y lo estuvo observando, cuando en ese preciso instante ¡¡¡entra la mulatita!!! Yo me quedé perplejo sin moverme y ella se plantó como una estatua, observando cómo él trabajaba. Y otra vez el doctor abrió la boca y me dijo: - Tiene una herida. ¿Cómo se la ha hecho? Yo únicamente asentí con la cabeza y le di la razón, cuando de pronto escuché un pequeño murmullo. La zorra de la mulata se estaba riendo. Yo, todo avergonzado, volví a bajar la cabeza. Cuando acabó el doctor, me levanté de un salto de la vieja camilla y me vestí rápidamente. Acabada la exploración, el doctor me dio su veredicto: - Tiene usted fimosis. Tendremos que operarle. - ¿Operarme? ¿Tan grave es? -le dije yo, todo inquieto. - Tranquilícese, es una simple operación. Ahora le darán hora para hacer la intervención. Me dirigí con la mulatita fuera de la sala al mostrador. Allí me dio la hora a la que tenía que volver. Cuando salí, me dedicó una pequeña sonrisa. No estaba preocupado porque me había dicho que era una simple operación, así que me fui a casa a descansar del mal trago. Pasados los días tuve que ir a la operación. Solo os diré que fue un rotundo éxito. Me dijeron que volviera la semana siguiente a hacerme las curas y así lo hice. Así hasta que pasó un mes y llegó la ultima cura. Llegué un poco temprano a causa de mi plena seguridad. No había gente en la sala de espera, solo la preciosa mulata en el fondo con la ceñida bata blanca detrás del mostrador. Me dirigí hacia ella y le dije que tenía hora, y ella me dijo: - Ya lo sé. ¿Por qué te piensas que he dicho a todos los pacientes que hoy teníamos operación y que no vinieran? Yo me quedé en blanco, pera la polla se me empezaba a poner tiesa, y a través del pantalón se me notaba. Di un paso hacia atrás y ella, como una bestia en celo, se quitó la bata de golpe. Pude contemplar sus tetas que eran como melones. Bajé la vista y su coño afeitado me puso tan cachondo que capté el mensaje y fui a por ella. Comencé dándole tal morreo que todas mis babas le resbalaron por toda la cara. Con mis manos apretaba sus tetas. Sus pezones al ponerse duros comenzaron a segregar líquido. Con mi boca recogí aquel dulce néctar que salía y me lo tragué. Llegué a su coño y con solo tocarlo con la lengua ella lanzó un gemido que resonó por toda la sala: - ¡¡Aaah!! ¡Venga, chúpamelo! ¡¡¡Quiero correrme con tu lengua entre mis piernas!!! Sin pensarlo, comencé a rozar su coño y mientras, ella se movía gritando hasta llegar al orgasmo: - ¡Sigue! ¡¡¡Sigue, que después me meterás el nabo!!! En el preciso instante en que ella se corría, yo me baje los pantalones y le metí el nabo hasta el fondo. Ella como acababa de correrse dijo: - ¡No! Acabo de correrme ¡¡¡Me escuece!!! - ¡¡¡Ese será tu castigo!!! -dije. Y entre gritos y llantos de dolor se desmayó y yo comencé a zumbarle de tal manera que me corrí dentro y le dejé todo el chorro de esperma en su coño muy dilatado y mojado. Saqué la polla y todavía estaba escupiendo semen así que me acerque a su cara y le metí la polla en la boca. Ella estaba aturdida aún, así que le cogí la cabeza y la empujé hacia mí. Le metí mi larga polla hasta su garganta. En ese mismo instante se despertó de golpe y comenzó a toser escupiendo el semen que le había metido en la boca. Fue una corrida maravillosa... Yo, satisfecho por el polvo, me levanté y dejé a aquella preciosa mulatita tirada en el suelo, aún sin recuperarse de su doble orgasmo. Me fui a casa pensando en aquella aventura que tan bien había salido, y satisfecho por la recuperación tan satisfactoria que había tenido mi pene. | |
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