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Mujer blanca busca...
30.01.2008. 11:32
| Me llamo George y mido 1'88 cms, soy negro, camionero especialista en viajes largos. Tengo un camión de 18 ruedas y transporto mercancía de lo más variada entre Atlanta y Chicago. Cuando llegué al motel en el que normalmente me hospedo justo al norte de Indianapolis en la I-65, estaba nevando y la carretera estaba tan resbaladiza que me alegré de aparcar mi camión y salir de ella. También tenía la intención de echar un buen polvo con Milly, la encargada del hotel durante la noche. Milly es una de esas mujeres blancas a las que les encanta ser folladas por una buena y enorme tranca de ébano, ¡y yo soy el hombre perfecto para proporcionarle una! Me quedé algo desilusionado al ser recibido en el mostrador por una altísima pelirroja. - Soy George de Atlanta. Creo que hay una habitación reservada a mi nombre -dije. - Sí señor, le hemos reservado la habitación de siempre. Debe hacer una noche horrible ahí fuera, ¿verdad? -contestó. - Desde luego y me alegro de no estar en la carretera. Por cierto, ¿dónde está Milly esta noche? - El hijo de Milly está enfermo, así que se ha tomado la noche libre. Pero me ha contado mucho sobre usted. Soy Terry, la encargada del motel durante el día, y esta noche estoy haciendo el turno de Milly -dijo con voz susurrante, y su mano rozó la mía cuando recogió mi tarjeta de registro. - Lo peor es que ahora tengo que conducir a casa con toda esa nieve en la autopista -dijo- Cogería una habitación, pero todas están ocupadas. - Me encantaría compartir mi habitación contigo. Puedes dormir en la cama supletoria -le sugerí. - Me costará una media hora cerrar todo esto, y si decido aceptar su oferta, iré a su habitación -dijo, al tiempo que me entregaba la llave de mi habitación y le daba a mi mano un leve apretón. - Me parece perfecto -le contesté rápidamente. Recogí mi bolsa y salí por la puerta en dirección a mi habitación. Una vez dentro, abrí mi bolsa, saqué una botella de Jack Daniels, me quité la ropa y me dirigí a la ducha. Mientras me duchaba, di mentalmente las gracias a Milly por el favor que me había hecho dándome a conocer a aquella otra caliente mujer blanca. Acababa de ponerme de nuevo los calzoncillos cuando oí que Terry estaba tras la puerta de mi habitación. Acto seguido entró sin siquiera llamar. - Hay fuera hace una ventisca de miedo -dijo- Esos copos de nieve son tan grandes como copos de maíz. Cualquiera que condujese con esta tormenta tendría que estar loco. - Tómate una copa, te calentará por dentro -le dije dándole un vaso de Jack Daniels. Nos sentamos y charlamos un rato, mientras apurábamos nuestra bebida. - George, ¿me disculpas mientras tomo una ducha? -me dijo Terry- Llevo todo el día con esta ropa y me hace sentirme fatal. Me ofrecí para frotarle la espalda y al entrar en el cuarto de baño, se giró y me dijo: - Te llamaré cuando esté lista. Me serví otra copa y eché las sábanas hacia atrás, porque sabía que no era más que cuestión de tiempo el que me tirase a aquella pelirroja tan sexy. Esperé hasta que escuché el agua corriendo en la ducha. Entonces me quité los calzoncillos, entré desnudo al cuarto de baño y descorrí la cortina de la ducha. Aquella pelirroja de piernas largas era dueña de un cuerpo que había sido hecho para follar. Tenía unos muslos delgados y finos, y unos melones firmes y tiesos coronados por un par de rosados pezones, además de un coño completamente afeitado con unos hinchados labios que brillaban como joyas con el agua que salía de la ducha y empapaba su cuerpo. Mi polla ya estaba dura como el hierro cuando entré en la ducha y tomé a Terry entre mis brazos, atrayendo su cuerpo hacia el mío. - Oh, George. Milly me dijo que tenías una polla enorme, pero creí que estaba exagerando. Tú no tienes una polla, ¡eso es un bate de beisbol! No sé si mi cuerpo está hecho para meterme una cosa así, pero me muero de ganas de intentarlo -dijo mientras cogía mi dura verga con ambas manos. Nos enjabonamos mutuamente, luego nuestras manos exploraron cada centímetro y cada rincón de nuestros resbaladizos cuerpos. Yo le estaba chupando los pezones y metiéndole un dedo en el coño, mientras ella no cesaba de retorcerse y de gemir, intentando decir que había estado esperando mi llegada durante todo el día. Seguí metiéndole el dedo en el coño hasta que me suplicó que la llevase a la cama. Cuando por fin nos secamos, la cogí en brazos y la llevé a la cama. Le pregunté si quería montar mi polla o si prefería que me la follase al estilo perro. - Me encantan las pollas grandes, y aunque la tuya es la más grande que jamás he visto, me gustaría intentarlo primero al estilo perro. Puso sus rodillas y sus codos en posición y elevó su culo en el aire. Su pelado coño estaba jugoso y estremeciéndose ansioso de algo de acción. Apoyé mi latiente polla contra los hinchados labios de su coño y empujé suavemente hasta que la cabeza de mi tranca de ébano se deslizó por su estrecho agujero. Dejó escapar un pequeño gemido mientras yo empujaba un poco más, y entonces se lanzó hacia atrás, hacia mi zona púbica diciéndome que se la metiese toda. Le costó un par de minutos acostumbrarse a mi tranca de veinticinco centímetros, y luego empezamos a follar como un par de gatos callejeros, gruñendo, gimiendo y gritando en éxtasis. Mi potente polla entraba y salía con fuerza de su caliente coño como un martillo pilón, y ella lanzaba su culo hacia atrás para recibir todas y cada una de mis embestidas. Mi capullo sentía la explosión de calientes jugos que acompañaban a cada uno de sus orgasmos. Cuando descargué mi leche en su agujero, empezó a gritar tan fuerte que juro que sus gritos podrían oírse a una manzana de distancia. Su precioso cuerpo se sacudió y tembló durante algo más de un minuto hasta que se desplomó a causa del agotamiento. No volví a la carretera hasta las once de la mañana siguiente cuando los quitanieves despejaron la interestatal. Terry y yo follamos y nos chupamos el uno al otro toda la noche, hasta que estuvimos demasiado cansados como para siquiera poder movernos. Creo que dormimos un par de horas antes de que fuese hora de levantarnos y de volver a la cruda realidad. Me dijo que iba a hablar con Milly para ver si podíamos montarnos un trío en mi próximo viaje. Le dije que me moría de ganas de volver a verlas a las dos la próxima vez. Follarme a dos mujeres blancas en la misma cama será una nueva experiencia para mí, pero será una experiencia que esperaré con ansiedad. Los coños negros son buenísimos, pero me gusta variar mi dieta de vez en cuando con algo de carne blanca. | |
anonimo |
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