
Mireya
28.01.2008. 12:24
| Hay cosas que no se pueden hacer en un pueblo pequeño en los fines de semana. Especialmente en los domingos largos y aburridos. Cosas como el adulterio, sin embargo, siempre hay algo nuevo… como conocer a la nueva vecina. Era domingo en la mañana, mas bien cerca del medio día. Me mire al espejo que quedaba sobre la cómoda, admirando mis pechos suaves y maternales que se alzaban con mis brazos, mi cabello negro y despeinado me caía en el escote ocultando la carne blanca y redonda. Carlos salió del baño, listo para su rutina del domingo: dedicarse a los amigos en el bar y a los juegos de fútbol, mientras que yo debía quedarme en casa y hacer la limpieza de la semana. Se acerco a la cama y me dio un beso en la frente. -No me esperes a almorzar, lo haré en el club - dijo- El club - pensé, mierda de club, una barra cargada de borrachos domingueros. -Hasta luego querida, pórtate bien - dijo casi cerrando la puerta de la habitación. Siempre era el mismo chiste de despedida: "pórtate bien". Un día de estos - los cuernos te llegaran a la luna- me dije. Me dirigí a la ventana del dormitorio para abrirla al nuevo día y entonces la vi. Al principio no me di cuenta de lo que se trataba. Todo lo que hacia era mirar su trasero, las nalgas de mujer mas lindas que había visto en mi vida. Después me entere que se trataba de la nueva vecina, la que ocupaba la casa que había dejado vacante los de a lado. La morena en aquel momento se inclinaba en la cajuela del auto rojo sacando maletas y paquetes. Mis ojos recorrieron aquella figura. No podía tener mucho mas allá de los treinta, una morena alta y escultural. Su cuerpo apenas velado por el pantalón recortado que se enterraba entre sus nalgas. Cuando se volvió vi que sus pezones se marcaban contra la camisa desteñida de franela y que dos manchas oscuras y húmedas mostraban el calor que hacia allá afuera. -hola… me llamo Ayerim, son la nueva vecina. Dijo al verme en la ventana del segundo piso. -Hola, soy Mireya- conteste. Algo temblaba dentro de mí. Creo que le llaman afinidad sexual, pero yo que nunca había experimentado el amor con otra mujer me sentía como una niña en una fiesta de 15 al contemplar el cabello revuelto, la sonrisa fácil, los senos alzados de Ayerim. Nos contemplamos en silencio. -Estoy mudándome, cuando una mujer esta sola debe hacerlo todo por ella misma. Aclaró, incluso su voz era seductora, una murmullo ronco y a la vez con cierta sexualidad contenida... aquello que significaba? Acaso una sugestión de su soledad? -Te invito a tomar una cerveza- dije con voz temblorosa. -Oh, esta bien- Se aparto el cabello de la frente, la mancha de humedad en sus axilas me enloquecía, sus senos que subían y bajaban al compás de su respiración agitada, entonces me imagine yo misma entre sus muslos, apartando los vellos suaves con los dedos y sumergiéndole la lengua en el coño, mi propio sexo que convirtió en mantequilla caliente derretida. De pronto me di cuenta de que ella me estaba mirando con insistencia. Casi podía sentir sus manos en mis pechos, recorriéndome las colinas cremosas, cruzadas por venitas azules, dirigiendo sus labios rojos hacia los pezones. Todo lo que tenia era la bata sobre mi cuerpo y los senos se transparentaban perfectamente. -Bajo a abrirte la puerta- -Está bien Mireya, presiento que seremos muy buenas amigas- Contestó ella, una nueva sugestión personal? no podía decirlo. Bebimos mientras me contaba que era divorciada hacia dos meses, que el cambio en sus finanzas la habían obligado a alquilar una casa más pequeña y que por eso estaba ahí en aquel momento. -Te ayudare a bajar las cosas- me preste enseguida. Ella estuvo de acuerdo y el resto de la tarde estuvimos juntas arreglando la casa vacía. Terminamos riendo empapadas de sudor y listas para una nueva certeza. -Ahora que recuerdo no tengo agua caliente en casa… te molestaría que tomara una ducha aquí?. Preguntó ella y mis piernas flaquearon. -Por supuesto que no… el dormitorio esta arriba- La vi subir al segundo piso. Sus nalgas más reveladoras que nunca balanceándose bajo el pantalón demasiado corto. Sin poder evitarlo me lleve la mano bajo la bata acariciándome el coño, los chorros de líquidos me corrían libremente por los muslos, mis senos dolían de deseo. -Oye Mireya… podrías subir un momento?- grito de repente. Subí las escaleras como sonámbula, la puerta del baño estaba abierta y el vapor del agua escapaba conm0o una neblina en derredor. Al final de aquella cortina de vapor se encontraba ella desnuda, enjabonada tras la cortina de plástico. -Aquí estoy. Susurre y la cortina se abrió lentamente. Ella apareció desnuda, con su magnifico cuerpo desnudo, su pubis recortado en una pequeña masa de vello de forma triangular, sus pezones erectos y morenos ocupando casi toda la parte superior de sus pechos. -Báñate conmigo … debes estar encendida de calor- Me desnude en un momento y al siguiente estaba entre sus brazos... Ya ninguna de las dos disimulo por mas tiempo el deseo sexual que sentía por la otra. Nuestros labios se encontraron hambrientos, las manos revisaban los senos, recorrían los vientres y acariciaban las nalgas y los sexos. El beso se hizo interminable mientas que nos abrazábamos, nuestros senos se aplastaban unos con los otros, casi iguales en tamaño solo que los míos eran más picudos y los de ella como grandes peras macizas. -Desde que té vi en la ventana me volviste loca- susurró ella en mi boca -Tu también… cuando té vi en el auto me masturbe hablando contigo- -deja mamarte los pechos, los vi bajo la bata y me encendieron- Me aparte un poco de ella, solo lo suficiente para que sus labios carnosos y húmedos se posaran en mis pezones para chuparlos. -Oh que ricos y gordos- decía entre chupòn y chupón. Yo me abrazaba a su cuerpo, alzaba la cabeza buscando el aire que me faltaba por la emoción, sentía que toda mi carne se derretía entre sus caricias. -Más abajo, mas abajo. Me sentí pidiéndole. Ella comprendió inmediatamente lo que yo deseaba. -No, aquí no, en tu cama. Contestó entonces me deje llevar hasta la cama, tirándome en ella de espaldas alzando los brazos y pareciéndome un sueño lo que estaba sucediendo. -Oh Ayerim… Oh… Grite al sentir los corrientazos que me producía su lengua trabajándome el coño, sentí sus dedos apartar los labios y su lengua penetrar en mi. Cerré los muslos, revolví las caderas y gire como una loca mientras que la caricia me arrancaba espasmos líquidos que inundaban su boca, ella sepultaba fascinada su rostro en la masa confusa de mis vellos públicos. Sus manos se enterraron en mis nalgas apartando las dos cachas y buscaron el ano en donde enterró un dedo y comenzó a moverlo como si fuera un ariete, sin dejar por eso de darme tremendos chupones en el coño con la lengua bañada en mis jugos. -Carajo… Oh… como lo haces…- gritaba yo. Creí que el mundo explotaba con su boca chupándome con ansiedad mientras su dedo entraba y salía sin parar de mi ano. Me tuve que aguantar de sus hombros para no desvanecerme, porque perdía la noción de las cosas por completo, mi cuerpo era un intenso orgasmo que se me desbordaba en las entrañas y que ella se bebía sin cesar, su cabeza subía y bajaba entre mis muslos hasta que me dejo exhausta y vacía. -ahora tu querida, demuéstrame lo que te gusto- La vi entre la niebla de mis emociones subirse a mi cuerpo, colocándose a horcajadas sobre mi rostro. Vi su coño largo, irregular y abierto, sus tejidos íntimos rojos y húmedos descender sobre mí hasta que me embutió entre ellos, quede en el interior de su cuerpo aspirando el aroma caliente de su cuerpo mientras mi lengua se retorcía y revolcaba dentro de ella. Muy lejos oía sus alaridos, la sentía saltar sin cesar sobre mi cara, sus manos enterradas en mi cabello y en mis tetas, sus nalgas entre mis manos… Me estaba ahogando, me faltaba la respiración pero nada me importaba, todo lo que deseaba era seguir ahí aspirando el olor a hembra, bebiéndome el jugo que escapaba a borbotones embarrándome con ardiente espuma la lengua. Mis manos en aquel frenesí se alzaron buscando las ricas tetas que saltaban apretándole los pezones. Su cuerpo se arqueo hacia atrás, sus brazos estirados tras de su espalda se apoyaron en mis muslos y todo su cuerpo se estremeció en los espasmos finales, faltaba poco para que perdiera el sentido cuando ella rodó hacia un lado de la cama tan vencida como yo. Sin embargo tardamos muy pocos minutos en recuperarnos por completo y en esos escasos minutos los empleamos en explorar las partes de nuestros cuerpos que aun no conocíamos. -levanta los brazos. Me indicó. Levante los brazos asombrada al sentir su lengua acariciándome las axilas, bebiéndose como si fuera néctar la humedad en ellas. Por mi parte le repetí la misma operación y ella pareció volverse loca en la caricia. -vuélvete de culo… colócate en cuatro insistio. Ella se colocó tras de mí abriéndome las nalgas con ambas manos, besándome suavemente por toda la hendidura entre ellas hasta posar sus labios en mi ano en donde terminó por sepultar la lengua arrancándome estremecimientos. -Oh… por favor, me matas- gemía yo ante las caricias de su lengua , al final fue algo fantástico. En aquel momento se coloco en mi costado manteniéndome siempre en cuatro, pasando una mano por mis nalgas, acariciando la suave redondez de mi carne hasta que hurgando entre las dos cachas encontró nuevamente el ano y deslizó un dedo en su interior, al mismo tiempo que con otro dedo me acariciaba el clítoris. Me estaba masturbando en una forma única y como si fuera poco completaba aquella caricia apretándome las tetas que colgaban junto a su brazo libre. -Te gusta esto… dime te gusta?- preguntaba ella. -Oh no puedo hablar… que delicia- contestaba yo entre espasmos. Y aquella noche cuando mi marido llegó a casa con tragos de mas, fue incapaz de darse cuenta de que la casa seguía tan sucia como en la mañana, que todo estaba desarreglado. Como tampoco se dio cuenta de mi alegría y de mi risa constante, hay cosas que los hombres son incapaces de comprender y el amor entre dos mujeres es una de ellas. Nota: Texto previo modificado con autorización. EL AUTOR: nunlex@yahoo.com.mx | |
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