
Dulce trampa
23.01.2008. 10:17
| El error de haber confundido a su cuñada con su esposa, le está causando graves problemas. La cuñada es amante del sadomasoquismo y con artimañas, ha sabido convertirlo en su esclavo, aumentando la sumisión a la que lo tiene sujeto, con fotografías comprometedoras, principalmente cuando, vestido de mujer, lo sodomiza, y que serían causa de su separación si su esposa las viese. Primero diré que estoy casado y mi mujer no sospecha nada de lo que voy a contar. Además es muy religiosa y posiblemente se divorciaría de mí si se enterase de este aspecto de mi vida sexual. Tengo 38 de edad y mi mujer 39, pero su hermana menor, que se llama Eva, tiene 26, estudia en la Universidad de Madrid y como vive sola en su apartamento muchas veces viene a visitar a mi mujer para hablar de sus cosas y van juntas de compras o incluso si vienen tarde se queda a dormir, ya que la casa tiene habitaciones de sobra. Uno de estos días coincidió que yo no tenía que ir a trabajar. Cuando me desperté fui al cuarto de aseo y al entrar vi una espalda desnuda y pensando que era mi mujer, cerré la puerta y le puse las manos en los hombros pero al girarla me quedé helado al ver a mi cuñada que, sin creer en mi cara de sorpresa y pensando que lo hice a propósito, me dio una tremenda bofetada y me insultó indignada. Me deshice en disculpas y le pedí perdón, pero ella me echó a empujones repitiendo que cuando volviera su hermana, que ya se había ido a trabajar, se lo contaría y me buscaría un disgusto. Esperé pacientemente a que saliera, ahora con su camisón puesto, y seguí insistiendo en que me perdonase pero ahora vi un extraño brillo en sus ojos que parecía indicar que estaba cambiando de idea. - ¿Te das cuenta de que me has visto desnuda y me has ofendido? - me dijo. - Lo siento, Eva - le dije en voz baja. - Eso no basta - me contesté ella secamente - Ven conmigo . Se dirigió a su habitación, entrando y aunque yo me paré en la puerta por si acaso, ella me mandó que pasara. - Vamos - dijo - ahora soy yo la que quiero verte desnudo. Me quedé cortado porque pensé que bromeaba, pero me convenció con otra bofetada de que iba en serio, así que me quité la chaqueta del pijama antes de que se enfadara más. - ¡Más rápido! - me chilló - ¡Los pantalones también, fuera! Ahora yo estaba solamente con mi slip y me sentía avergonzado, porque notaba mi polla erecta y sabía que se notaba. - ¡Eso también! - dijo ella, agarrando el elástico del slip y tirando con tanta fuerza que oí como se rompía. Entonces ella lo dejó caer al suelo, mientras yo me tapaba el sexo con las manos. Ella, mientras yo estaba inmóvil en medio de su cuarto, se puso detrás de mí y me dio otra bofetada, pero ahora en mi culo con la palma abierta y que restalló mientras yo, dolorido llevaba mis manos atrás para acariciarme las nalgas que sentía calientes y que debían estar super coloradas, dejando mis huevos y pene ante su vista. - Ahora en desagravio - dijo Eva sin hacer caso de mi erección - te vas a poner esto. Sacó de un cajón una de sus braguitas y una especie de pantis pero abiertos por delante y por detrás, o sea que eran más como unas medias pero unidas y con liguero incorporado, y me las tiró a la cara. A continuación salió de la habitación cerrando la puerta. Al quedarme solo estuve pensando unos segundos antes de decidir obedecerla pues igual cuando volviera se enfadaría más si no le había hecho caso. Me costó bastante encerrar mi rabo tieso en aquellas bragas tan minúsculas y como eran blancas y muy finas se transparentaba y se notaba mi bulto. Pero me costó más ponerme aquellas medias tan finas, que además se engancharon en uno de los dedos de mi pie y se desgarraron un poco. Tuve que sentarme en la cama, que aún estaba sin hacer, para poder subírmelas hasta arriba, pero al final lo conseguí y ahora me dispuse a esperar que regresara Eva. Como estaba preocupado por agradarla, pensé que mientras la esperaba podía hacer la cama y vería mi buena voluntad. Dicho y hecho recogí las sábanas pero cuando las estiré para sacudirlas, oí como caía al suelo algo, me agache y lo recogí. Lo tenía en la mano y me di cuenta de que era un pene de goma que tenía detrás un botón que empezó a zumbar, haciéndolo vibrar. Lo apagué y en ese momento se abrió la puerta y apareció Eva con una cámara de fotos. El flash empezó a lucir una y otra vez mientras yo, paralizado con aquellas prendas femeninas y con un pene de goma en la mano, empezaba a pensar adonde podía ir a parar aquello. - Vaya, has encontrado mi juguete - dijo Eva riéndose - ¡Dámelo! - ordenó y cuando se lo entregué en silencio, añadió apuntando en el dedo hacia abajo - Ahora tú vas a ser mi juguete. Ponte de rodillas en el suelo. Aunque estaba mirando hacia abajo seguía viendo el brillo del flash cada vez que hacia una nueva foto. Entonces sentí como me bajaba la braguita y flash, otra foto, luego metió un dedo en mi culo y lo giró. Gemí por la sorpresa pero más fuerte lo hizo cuando lo metió en el agujero de mi culo, haciéndolo girar. Luego lo sacó de golpe y lo volvió a introducir más lentamente. Oía su risa a mi espalda y por fin de repente hizo lo que estaba temiendo desde hacía un rato. Noté como algo más grande se apoyaba en mi agujero anal e instintivamente cerré mi esfínter. Eva se enfadó y empezó a darme azotes en el culo. - ¡Vicente, relaja el agujero y deja que te la meta o será peor para ti! - decía. Por fin, en parte por el dolor de los azotes y por el miedo a sus nuevas ideas, me relajé y sentí como me metía aquella polla, que seguramente esa noche había estado dentro de ella, hasta lo más profundo de mi recto. El dolor era bastante fuerte pero lo peor fue que seguía haciendo fotos hasta que, al cabo de un rato oí que me decía que me levantara. Cuando miré, ella estaba sentada en el borde de la cama, se había levantado el camisón y se estaba masturbando. - ¡Ahora lame mis jugos, gusano! - me mandó con voz severa. Volví a ponerme de rodillas y comencé a chupar aquella rajita tan salada (esto también le gusta a mi mujer así que tengo algo de práctica) y unos instantes después, se corría en mi boca. Entonces se estiró en la cama y me ordenó que me diera la vuelta. Sacó de un tirón, de mi culo, el pene que había dejado allí, me mandó que lo lavara y se lo volviera a traer. Fui al lavabo y lo enjuagué bien, mientras pensaba como era posible que esto hubiera entrado en mi culo, y encima con fotos demostrándolo. Menudo lío, porque ahora Eva me tenía en sus manos y agarrado por las pelotas, en sentido figurado, o no tanto. Yo, a pesar de todo, estaba muy excitado y todavía no me había corrido así que aproveché que tenía un poco de tranquilidad para hacerme una paja. Enseguida conseguí el placer y mi polla ahora cabía mejor en aquella braguita tan enana. Volví a la habitación de Eva y le devolví su pene de goma que ella guardó en el cajón de la mesita, al lado de la cama. A continuación, sentada en la cama y mirándome fijamente, me dijo: - Esto es solo el principio, no vayas a pensar que te dejaré escapar. Ahora vete y ya pensaré como puedo emplearte mejor. Era tardísimo y mi mujer debía estar a punto de llegar del trabajo, así que corrí a mi habitación y me vestí rápidamente pero, dándome cuenta de que tenía que devolverle a Eva sus cosas, fui a su habitación. Llamé a la puerta y oí su voz: - ¿Qué quieres? - gritó. - ¿Qué hago con tus cosas? - le dije apenas levantando la voz para que me oyera. Se abrió la puerta y asomó Eva que, con cara de mala leche, me preguntó: - ¿Como te has quitado tus bragas sin mi permiso? ¡Ya te las estás poniendo otra vez, te pones encima tu ropa y vuelves para que lo compruebe! Regresé a mi habitación, volví a ponerme esas prendas y encima me puse mi camisa y mi pantalón. Luego fui a la habitación de Eva, que estaba en la puerta esperándome. - Ya está - le dije. - ¡Bájate los pantalones! - ordenó. Me los desabroché, resignado a sus caprichos, y los dejé caer al suelo para que Eva comprobara que llevaba puestas sus braguitas y sus medias como ella quería, pero lo que quería de verdad era hacerme más fotos en aquella situación. Me mandó también que me bajara las medias y las bragas para hacerme algunas fotos en las que se viera el pene. Cuando lo estimó oportuno, me hizo subirme la ropa y marcharme a mi habitación hasta que llegara mi mujer. Yo estaba aterrado pensando que encima de todo lo que había ocurrido, se le iba a contar también a mi esposa, pero cuando llegó mi mujer, Eva se comportó como si no hubiera pasado nada, diciéndole a su hermana que había estado estudiando. A la hora de la comida, comimos como todos los días y hablamos de cosas intrascendentes como siempre aunque yo miraba a Eva de reojo, pero la veía tan normal como si todo hubiera sido una pesadilla. Sin embargo el pellizco que me pegó en el culo cuando pasé a su lado, me hizo recordar que todo era cierto y que continuaría... | |
vicente |
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